Las decisiones políticas no se toman de forma aislada.
Cada medida compite con muchas otras: por presupuesto, recursos, tiempo, atención política y aceptación social.
Lo que sobre el papel parece una única decisión, en realidad forma parte de una cartera de decisiones.
Y aquí es donde empieza el problema.
Ya sean infraestructuras, energía, defensa, digitalización o sociales:
Las decisiones del gobierno no actúan de forma independiente, sino sistémica.
En realidad, el gobierno no decide sobre proyectos,
sino sobre combinaciones de opciones de actuación.
Lo que se decide es visible.
Lo que no es posible permanece invisible.
Toda medida crea:
Estos efectos no aparecen en ningún presupuesto -
existen antes de que se tome la decisión.
Hoy en día, los costes del gobierno se miden ex post:
Sin embargo, los costes decisivos surgen de antemano:
en el espacio de posibilidades que nunca se ha examinado.
Este espacio es el espacio invisible de la toma de decisiones.
Los ministerios saben lo que cuesta una medida.
Pero no saben lo que cuesta en comparación.
Esto se debe a que los costes de oportunidad no surgen en el presupuesto -
surgen en el espacio de toma de decisiones.
Mientras este espacio siga siendo invisible, las decisiones seguirán siendo inevitablemente incompletas.
La complejidad del control político ha crecido exponencialmente:
Nadie -ningún comité- puede tener una visión completa de este espacio.
Lo que falta es un juicio no político.
Lo que falta es transparencia sobre todas las opciones de acción.